Google+ Raúl Acosta: El peronismo y la muerte

miércoles, 18 de septiembre de 2013

El peronismo y la muerte

Después de muchos años de vida y bastantes de “leer” en el peronismo y, también, en la sociedad argentina, advierto que comienzan a darse cuenta lo que ha sido y es el peronismo.

Creo que recién se entiende lo planteado por John William Cooke.

Aluvional, pluriclasista pese a su propuesta sectorial, el peronismo es un movimiento difuso, abarcativo, que sabe replegarse y abrirse como un pájaro social, que sabe acomodarse y ser esporo para después reventar y ser pandemia.

Cooke lo refería al castigo de la clase media, que no sabría cómo “salirse” del peronismo. El gordo la pegó.

Menem incorporó a la alta burguesía, desdeñada por Perón. Acaso negociada desde otro sitio de poder más eficiente. Perón más eficiente que Menem. Ja!

Este es el momento (desde el golpe de Edelmiro J. Farrel, del G.O.U. en 1943, han pasado muchos años) en que Argentina no sólo no puede salirse del peronismo sino que es motivo de estudios, revisiones y perplejidades.

Los estudios para explicar tanta permanencia comienzan bien, ya que la permanencia es visible. Los estudios sobre peronismo son enunciados, sin teorema destripado.

Las revisiones son cíclicas. Argentina es cíclica. Las perplejidades son diarias. Esto es Argentina.

Hoy la presidenta confiesa peronismo. Lo que sucede en el territorio es de lectura lineal: el 65% de los votos del país son del peronismo. Los votos cantan.

La democracia legitima un movimiento que es autoritario, vertical, que domina la construcción del poder como ningún otro grupo en el país. Argentina es ya genéticamente peronista.

¿Cómo explicar en un claustro o en un libro, que se pretende aséptico, que un movimiento avasallador es legitimado por el voto?

Cómo destrabar un circuito: el peronismo toma el poder y si en una elección lo pierde el que gana claudica porque no puede retenerlo ante el ímpetu del peronismo.

Y lo incomprensible para el análisis: nunca hizo revoluciones cruentas, siempre retuvo el voto marginal, el de la clase obrera. El voto cuota. El voto dádiva. Votos.

Difícil dilema para quienes quieren analizar sin chapotear en el barro de la realidad nacional.

El peronismo tiene “su” historia. La historia del peronismo es la revancha. Los que tenían poquísimo contra los otros. Justicia Social. Sin resolver, ya se ha dicho.

El que quiera entender por dónde pasa el eje del peronismo puede, si quiere, elegir este punto de partida.

Toda vez que a la democracia se le dio oportunidad de ejercer el asexuado asunto de “un hombre, un voto” la conclusión fue terminante: castiguemos a los que no entienden corazones y reivindican razones. Votemos sentimiento. Peronismo y chau.

El peronismo ganó en todas las oportunidades (elecciones) en que fue necesario castigar al raciocinio, parece imposible entenderlo con métodos de lectura racional de los fenómenos sociales.

El peronismo perdió dos elecciones. Alfonsín y De la Rúa.

En una el peronismo castigó a quienes se aliaron con una dictadura. En la segunda a quienes querían perpetuar un sistema que necesitaba una limpieza de procedimientos.

Al menos el enunciado de una limpieza.

En 1983 una mayoría votó a Alfonsín, para abandonarlo a menos de cuatro años de mandato. Alfonsín cuadró el círculo.

En 1999 una mayoría votó una oferta de supermercado y marketing para cerrar un círculo que se mostraba poco abierto a las necesidades reales de la sociedad. El abandono fue notorio.

La presidencia de De la Rúa-Álvarez (el binomio es indisoluble según la Constitución) fue un nonato social, una propuesta publicitaria con sujeto tácito (“somos más”, que en realidad era: Somos más que Menem). Agregado: “Chacho” era peronista.

Si revisamos, las tres alianzas del peronismo son éstas. Con los gremios y los sectores autoritarios. Sobrevino el castigo.

Con la alta burguesía, y retornó el castigo.

Ahora con los sectores más esclarecidos del propio peronismo y el entrecruzamiento transversal. Sobrevendrá el castigo. Es cíclico.

Pero aparece una pregunta: en esta oportunidad, ¿sobrevivirá el peronismo...?

Retornemos a los que dicen cosas que sienten sin la censura de la inteligencia maltratada. “Es conmigo y no sinmigo”.

El peronismo eligió siempre un aliado porque acaso -y convendría pensarlo- solo, no puede gobernar.

Parido como estructura cívico-militar que se volvía partido sólo para votar, perdió cuando perdieron los militares (1983).

Perdió cuando la alta burguesía dejó de ser “nacional” (Alsogaray y Fortabat como ejemplos).

Volvió por la impericia política de Álvarez-De la Rúa y compinches.

Ahora la incógnita es si perderá cuando la clase racionalmente esclarecida se aparte o cuando lo haga el paquete de delegados imperiales, porque esto se escribe en este punto:

Los Kirchner negociaron con dos aliados que no se suman:

Los contestarios a la aldea global de una parte.

Los delegados de la aldea global de la otra.

Están chocando los planetas.

Sería el fin de la saga.

Se podría decir, entonces, el peronismo ya es historia. Increíble.

El 65% del país es mucho voto para marchar al olvido, al destierro y el final.

(Publicado en diario El Litoral, 18 de septiembre de 2013)

2 comentarios :

  1. Esa Pluma analítica alcanza lo que no se alcanza. El inefable Peronismo, eso que somos y no sabemos cómo decir.

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    1. la condición genética inpexplicable, los alelos que nos unen y discontinuan pero estan, siepre estan, la matriz peronista es muuuuy argie; besos en la tefrennnnnnnnnn

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