Google+ Raúl Acosta

lunes, 23 de abril de 2018

Las rarezas del peronismo de la provincia

Publicado en El Litoral el 23 de  Abril de 2018.
El peronismo santafesino tiene sus rarezas que resultan difíciles de explicar. Ya el peronismo, de por si, es bastante complicado. 
Partido del estado y/o del gobierno, que tiene como base la estructura sindical, que produce reivindicaciones sociales inatajables, que se vuelve alternativamente de izquierda no tradicional o derecha muy tradicional y que tienen un partido como una cáscara y el poder como único objetivo. Que ya en el poder fabrica su propia oposición, quitándole discurso a esta y que, en el trance de la elección, oferta dividirse sin entender que la unidad asegura mas triunfos que divisiones. Hoy Durán Barba y Carrió copian esta estrageia peronista. 
En la provincia no hay peronista que no sea reformista de la constitución, pero en otro momento. Que no se pronuncie por el consenso, pero en esta oportunidad iremos a internas. Tenemos que elegir al candidato con mejores posibilidades pero yo tendría que estar. Y, como si esto fuese poco, Juan reparte pocos cargos, mejor María que no reparte ninguno. 
Traducido a la cotidianeidad el peronismo, que normalmente desatiende la cáscara vacía resuelve que sea el partido, en su expresión provincial el que niegue (o no… tal vez… quizás…) la posibilidad reformista a Lifschitzs y algunos de los suyos. 
Hay certezas. Una elección constituyente en 2018 es una elección de autoridades provinciales y municipales adelantada un año, con todos los cañones de todos los partidos puestos a demostrar quien tiene el silbato mas sonoro. Es un argumento. 
Omar Perotti es el candidato peronista mas votado a Gobernador, según datos inatacables de 2015 y debería encabezar la fórmula para 2019. Marcos Cleri representa otra generación y dice pierda o gane debo competir, para que sepa que hay recambio y futuro. También tiene razón. Agustín Rossi ha dicho que él no será candidato ( es el que mas congresales tiene, posee una estructura territorial aceitada y predilecciones de figuración nacional) pero… pero que apoyará a “Marilyn “Sacnum, la senadora nacional que acaso, ya que tiene red, quiera presentarse. 
“Todos están enamorados de Rosita” 
Hay por lo menos dos periodistas, uno en cada ciudad, un diputado provincial y un senador de la misma categoría, enamorados de la candidatura de María Bielsa. Los nombres propios de los pre candidatos se corresponden con declaraciones públicas, pero en el caso de la hermana del DT adorado por los hinchas de Ñul (el estadio se llama Marcelo Bielsa) son estos, los colegas y los políticos, quienes dicen que “ella dice que quiere ser candidata a gobernadora”. En los cuatro casos he preguntado quien pagaría una campaña de María Bielsa, que por diferencias grupales renunció una vez (diputada electa) y en otra quitó retrato de Evita enfrentando al peronismo y sosteniendo que ella no estaba afiliada (vicegobernación) y en otra (hay testimonios) dijo que no a pedidos presidenciales. Solo el silencio acompaña estos cuestionamientos existenciales. Cuesta dinero cada capricho político. El penúltimo y muy importante. Su presencia en la Cámara de Diputados durante la Gobernación Bonfatti hubiese cambiado totalmente el manejo del poder legislativo. La última y verdaderamente calamitosa defección es que, si ella hubiese competido como candidata a intendente en el 2015 en lugar de Sukerman, la gobernación se hubiese discutido voto a voto… pero de otro modo. Y la del 2019 se vería de otro modo para quien hubiese sido intendente de Rosario. Nota: puede decir” no quise… no me la ofrecieron…” Puede decirlo, pero… 
Sin contrafactismos suntuarios: ¿quien pagaría su pre candidatura…? La referencia al poema de Tuñón no es ociosa. Seduce políticamente cuando habla en pequeñas reuniones, casi íntimas. Construye desde ése sitio y no compromete un juego abierto. A veces provocan sonrisas quienes argumentan: “Perotti no asegura cargos…” Es difícil que alguien entregue lo que no tiene. Mas difícil es creer que ese es un argumento para sostener a María Bielsa como diferente de Perotti. En el sur hay una sola incógnita: ¿ será Alejandra Rodenas una segunda versión de María Bielsa? 
Columnas y cáscara 
El bombisto del cuarteto de música popular argentina, el bueno de Ricardo  Olivera preside un partido (PJ Provincia) que no tiene una vida muy activa. Menos que un  club de barrio y una biblioteca popular. Que además tiene congresales como si fuese liquidación por fin de temporada. Y la amenaza del filósofo Luis Barrionuevo. Voy a intervenir todos los distritos díscolos. 
Todos quieren la cajita de pesos por votos, de una parte, y conversar con Macri de igual a igual llevándole cabezas de San Juan Bautista. Está claro que Gioja era un ITS político (Inútil Todo Servicio) que vivía de su vetustez discursiva y la nada que significa la cáscara PJ pero… cuidado… patear el partido provincial obliga a que todos cuiden de manera ostensible su quintita y mejore las posibilidades de Corral/Anita Martínez y Luciano Laspina /y la odontóloga. Eso sin contar el Plan B de Roberto Miguel Lifschitz, que sigue sentado en el 50% de adhesión, algo que nadie consigue excepto Mauricio, que no es candidato. ¿Y si Lifschitz fuera parte de una operación Schiaretti, un opositor manso y tranquilo…? 


Es tan raro el peronismo…” Los ladrones usan gorra gris, bufanda oscura y camiseta a rayas. Algunos llevan una linterna sorda en el bolsillo. Por otra parte, se enamoran de robustas muchachas, coleccionan tarjetas postales y a veces lucen un tatuaje en el brazo izquierdo, una flor, un barco y un nombre: Rosita. Todos los ladrones están enamorados de Rosita y yo también…(Raúl González Tuñón.)

@cmcampolongo con @BigoteAcosta en #LaVeredaDeEnfrente

Ya podes volver a escuchar la nota con Carlos Campolongo.

"Aníbal Fernandez y Patricia Bullrich" editorial del @bigoteacosta en #LaVeredaDeEnfrente

Volvé a escuchar mi editorial en #LaVeredaDeEnfrente

Viaje #AntesQueMeOlvide

Publicado en el diario La Capital el 23 de Abril 

Cuando niños hacíamos la broma, decíamos que era mas rápido si viajábamos en postes, nos pasaban raudos por la carretera. Ese efecto, que nuestros ojos no entendían, porque no están hechos para entender, sino para mandar mensajes al cerebro y que este  sea quien procese, nos dejaba con el recuerdo de unas vacas o un campo sembrado que allá se iba perdiendo. Esto es: mínimos paisajes, fotografías que no alcanzábamos a guardar en la memoria y que pronto eran remplazadas por otras.
En los viajes los que saben piden que nos detengamos, que los viajeros se detengan para eso, para guardar detalles de un sitio que no es el propio, donde todo nuevo y algunas cosas nos recomiendan recordar y los recuerdos, parecen decirnos los entendidos, vienen de la observación, de la retención, de prestar atención a una cosa que aparenta diferente y que no sabemos que es única y para eso, se insiste, los entendidos, los guías turísticos, los que ya estuvieron.
Los que ya han estado en un  lugar de viaje, de turismo, en un lugar donde nosotros recién llegamos nos quieren poner su fotografía en nuestra cabeza.
Una vez, lo recuerdo muy vívidamente, después de una lluviosa mañana fuimos, por insistencia del fotógrafo, hasta las ruinas de San Ignacio en Misiones,. Un sitio en esa tarde despoblado de turistas por la lluvia que recién había cesado y quitó programación a los colectivos… de turistas. El fotógrafo (Alvarado su apellido) en esa siesta misionera, húmeda y tranquila fotografiaba la nave de esa iglesia que ya no estaba porque algo era cierto, la luminosidad era diferente debido a la luz solar quebrando las últimas nubes, y la tierra roja y el verde y esos bloques de piedra… Sin embargo no miraba, por mi parte, ese aire, esa coloratura sino que miraba esos bloques de piedra bastante simétricos y que no eran de ésa región ni estaban en el sinuoso camino sino que habían venido. Empecé a viajar con esos bloques, con la cantidad de indios semidesnudos esclavos convencidos por la fe de alguien que suponían mas sabio, el jesuita de aquellas conquistas con la cruz. Esos bloques los trajeron esos indios de otro lugar. La fe que movía montañas se me apareció como lo que también era, una fe ciega, un miedo, un dominio, una esclavitud.
Guardar recuerdos en algún lugar es necesario, no hay recuerdos delante ni mentes en blanco por detrás. El fotógrafo había visto lo suyo, una extraña luminosidad y yo lo mío, un  misterio de la fe y una jugada de la conquista: dejar la huella, exigir el sacrificio porque mover esos bloques no puede ser, no podría ser ni siquiera hoy una tarea sencilla.
Un viaje, también aprendí, no es el mismo ni siquiera para un  hijo o una pareja, un viaje es un momento intransferible (como casi todos) en el que estamos suspendidos de la rutina y con la cabeza abierta a diferentes tonterías como el gorrito o el sandwuich de la ruta y misterios de la vida que parece que descubriésemos en ese momento.
Los postes de luz al costado de la ruta, a los que no prestamos atención son, por su parte, la electrificación que va de acá para allá y eso no nos importa. Como nada sabemos de la casa que allá, en el fondo de un caminito que solo advertimos por unos segundos, guarda una familia una luz que al llegar trae noticias, una heladera que funciona y una noche que no será totalmente oscura.
Un viaje nos deja fuera de peso y excedidos en ansiedades, desencantos y distracciones, los recuerdos que fija ése gorrito y que le llevamos a quien quedó anclado en el sitio de las obligaciones y la rutina.
Un viaje es dejar el ayer clavado en el almanaque y ver un lunes diferente, casi como un domingo. Tan fuera del piso estamos que no tenemos almanaque, acaso horarios del día por la rutina de hoteles y desayunos. A veces ni eso.
La primera vez que viajé fue a Coronda, el pueblo de mi abuela materna, la segunda a Barrancas, casa de mis abuelos paternos (tíos en realidad, los abuelos murieron pronto, antes  65 años eran la vejez; hoy la vejez se mide a los 90) pero esos no fueron viajes. El primer viaje fue a las sierras cordobesas. Desde entonces entiendo que no somos iguales los que viajamos en el mismo colectivo al mismo lugar. Un anhelo, una ficción trata de unirnos y debemos entender esa alegoría. Porque es eso, una manera sencilla de enseñarnos, este valle donde estamos, como son algunas cosas que  no queremos ver.
Suspendidos del almanaque creemos que el viaje es esa alegría o el pequeño disgusto por la descompostura de la panza y la discusión por el asiento al pasillo o a la ventanilla de los rápidos postes, que nos pasan de largo. Suspendidos del almanaque creyendo que un jueves es lunes y un martes es domingo vivimos cada jornada de la excursión de un modo diferente y eso es, nada mas, todo lo que nos sucederá y mejor, recontra mejor si aceptamos que nada nos cambiará el destino. Mirar el paisaje, tener miradas diferentes de la misma piedra y la misma lluvia y advertir que mañana otros serán los turistas y para ellos también habrá bromas en el almanaque mientras viajen escapando a la única falla de la vida: la rutina.

domingo, 22 de abril de 2018

Estampilla #AntesQueMeOlvide

Publicado en el diario La Capital el 22 de Abril 


Vengo de un país, Argentina, donde se ahorraba comprando estampillas del Estado Nacional. Ahora vivo en otro que está en el mismo  terrritorio pero es diferente.
Voy a contar esta historia cercana a mi vida, como ya lo hice varias veces, porque pocas cosas definen tanto al país aquel (y a este)como este pasaje de tránsito absurdo que vivimos todos los que estábamos entonces en este valle y que, ay, ay, todavía  estamos. Perdurar vuelve incomprensible el pasado y difuso el porvenir en Argentina.
Conocí a Rolando en 1960. El nació en el ’43. Cuando nació su abuela, que tenía dinero, le abrió una Caja Nacional de Ahorro Postal a su nombre y le puso 5.000 pesos de aquel año. Una pequeña dote para que, cuando alcanzase la mayoría de edad, si ella no estaba, tuviese la oportunidad de empezar su vida adulta con una pequeña espalda. A los 18 años se era y se es adulto en Argentina. En eso estamos iguales ayer y hoy, los dos países. Estampilla por estampilla, durante 18 años descuidados, la cuenta llegó a 7.500 pesos entre los mínimos intereses anuales y la suma de otras estampillas ( no era muy ahorrativo Rolando)
En el 1961 Rolando cumplió sus 18 años y decidió usar aquello que le había regalado su abuela. Una dote que, en el 1943, compraba una casita suburbana o, mejor, compraba un buen autito y un viaje en barco a Suiza, a conocer a sus parientes maternos.
Con el dinero en la mano fue hasta su sastre de confianza ( en los pueblos los sastres eran de confianza, vivían en el pueblo, los sábados repasaban la ropa de los novios, planchaban nuevamente el pantalón, acomodaban un ruedo). Los sastres en los pueblos son parte de los jurados para la vestimenta  del novio, los padrinos y los testigos, porque un casamiento se prepara con tiempo, excepto un casamiento de apuro, que es otra historia y el sastre tiene catálogos, muestrarios de tela y, en esos catálogos,  está la ropa del padrino para la boda de setiembre y los primeros pantalones largos del hijo de Lorenzo, el panadero. Se ganaban los pantalones largos, no venían con la condición de nadie. Debían ganarse el sello de adultez los pibes aquellos. Yo uno de tantos.
Rolando conocía a  Lázaro, que se había quedado con la sastrería del pueblo porque Lorenzo, otro Lorenzo, ya estaba cansado. Eligió un azul oscuro, con una leve rayita celeste cada tanto (vertical, claro está) se lo midió varias veces y decidió que sería un traje en serio y encargó el chaleco. Buena entretela, botones de primera, todo cocido y repasado Rolando, te va a durar toda la vida… Tela de “entretiempo”, para usar invierno y verano, porque un traje no se encarga todos los días. Já.
Con los 7.500 pesos que compraban tantas cosas en el 1943 se podía pagar, contado, un traje de tres piezas, bien cocido, que debía durar toda la vida… Era el 1961y estábamos yéndonos de aquel país y entrando en otro. Desaparecían las monedas de cobre, las del centavo o los dos centavos. La Fragata (el billete de mil pesos que parece que ha vuelto, pero otro) que se llamaba así porque lo ilustraba la nave escuela, la Fragata Sarmiento (vieja y gloriosa fragataaaa… decía una canción que se quedó en aquel país)  El billete verde de 50. Todo se estaba yendo, incluída la seguridad laboral.
Poco a poco esas libretas donde pegábamos las estampillas, que se compraban con plata en mano,  dejaron de tener sentido. La velocidad con la que el dinero se reformulaba y servía para menos cosas era mucho mayor que la del tiempo que se tardaba en juntar, moneda tras moneda, la cantidad necesaria para comprar una estampilla que ya pocos vendían porque no tenía sentido ya que no dejaba ganancia su venta. Busque con atención en el fondo de la cómoda o el desván, acaso encuentre una libreta con “la peladilla” (una nena con el pelo recogido) y una alcancía inmensa entre sus rodillas.
Encontrarla me ayudará a la definición de aquel país y de este. Desde entonces, dicen los economistas, aún los economistas de televisión que juegan al malo y al bueno, que la inflación sigue y sigue. Busquemos una estampilla de aquellas, la de un peso… debe estar por ahí. Habría que encontrarla. Delante deberíamos ponerle (me dicen sin exagerar) delante deberíamos ponerle 16 números ceros. Mas claro. Cero, coma… y 16 ceros antes del número uno, de un peso.
No quisiera discutir con economistas porque no se, ni puedo asi supiera o supiese. No quiero que me den vueltas una historia que es sencilla. Teníamos un país donde una abuela decidía dejarle a un nieto una mínima dote para una casita suburbana. De 5.000 pesos de aquellos de la década del ’40. Puestos en estampillas del estado para que mantengan su valor pase lo que pase. A los 18 años esa casita, en la década del ’60, era un traje. Y sobre este siglo, donde aún estamos, aquellos que vimos esa vida,  el cálculo no existe porque esas estampillas, eso es muy claro, pertenecen a otro país que ya no está. Es mas, que nunca, nunca volverá. Sol Do.

sábado, 21 de abril de 2018

Caminantes #AntesQueMeOlvide

Publicado en el diario La Capital el 21 de Abril 


Caminantes, peregrinación y fe parecen palabras distintas, porque lo son, pero algo las une. En el hombre, como sujeto social, no están lejanas, todo lo contrario.
Por aquello del oficio he acompañado este hecho singular, caminar por promesas, caminar por veneración, caminar por una pulsión superior a respirar, comer, dormir y poco mas.
En aquel camino a Caucete y en aquel santuario pagano de “la difunta Correa” he visto posiciones, personas, familias y escuché tremendas historias, personajes que nadie, excepto una cuestión de fe mantiene cercanos. También vi el negocio de los alrededores. Un día los militares dijeron que eso era pagano, acaso un Obispo celoso. Caucete después tuvo un terremoto. Creer o reventar. 
Desde Malvinas hacia acá he visto como la peregrinación del “Padre Ignacio” se ha convertido en el acontecimiento socio /político / cultural mas grande y unificador. En este siglo XXI nada lo supera.
He reído con los cronistas porteños encargados de llenar horas en radio y televisión sin poder explicar la misa ricotera y los 250.000 que junta “el Indio Solari”. El día que quiera en el lugar que se le antoje…o lo dejen.
Mirar aquellos que por diversas rutas marchan por el camino ”de San Yago de Campus Stellae” desde aquel latín misterioso al hoy de los promeseros, para llegar a Santiago de Compostela, que es eso, pero en galaico portugués, mirarlos digo, es entender que hay una pulsión que supera los aparatos de televisión y los mandatos de clase. Ni siquiera los telefonitos logran quitarle emoción, abnegación, entrega.
Distinto es el camino como un  propósito en la vida. Yo fui el arquitecto de mi propio destino dice un viejo poeta cuando concluye: “nada te debo, vida”. De Amado Nervo al prosaico: “ los caminos de la vida no son lo que yo esperaba…” hay un universo de ignorancia que avanza y deja lejano al español:” no hay caminos sino estelas en la mar”.
La peregrinación a la virgen de Guadalupe ( la misma que veneran los mejicanos, pero reducida a Santa F), es una cuestión que excede los ámbitos de aquella ciudad, como excede Lujan la peregrinación que lleva a tantos hasta el santuario que suele inundarse, tal vez como advertencia que el río busca su nivel sin importarle fechas o misales. El tango también se mete en esto:” con una vela grandota caminaré hasta Lujan”, propósito mas que evidente de una promesa y la amenaza de su cumplimiento.
Hace muchos años que miro con  respeto estas manifestaciones, como los que venían a la puerta de mi casa a dejarme un ramo de olivos. Se los aceptaba mi vieja, atea de cumplimiento estricto, casi religioso.
Caminar como una cuestión saludable, para acomodar las tabas, quemar calorías, bajar el azúcar en sangre y asustar al colesterol tiene un propósito sanitario y también… y no hay que negarlo, un componente de fe.
Está demasiado demostrado que el aserto lejano es válido: mente sana para un cuerpo sano. Si caminar provoca una mejora de la mente, porque allí está el asunto, no se trata de cumplir promesas sino acomodar el total a una vida que se espera mejor, porque allí está el asunto: nadie camina para empeorar ni las rodillas ni el mañana.
Cuando estaba en mi primera infancia salían del barrio colectivos a dos lugares en días y meses diferentes. A Itatí para llevar a los promeseros. A Luján para lo mismo. Nosotros, una vez cada semana por medio, subíamos a un camión que nos llevaba a la cancha. Según el resultado volvíamos caminando, para bajar la amargura, o en el camión, para dar vueltas por la ciudad a los gritos, festejando el triunfo, con las banderas agitándose.
Toda celebración diferente a la que manda, al credo oficial, es pagana, pero si lo pensamos nosotros también éramos parte de una fe chiquitita, la fe por una camiseta que la crianza nos dejó como propia. Nadie nace hincha de un club ni deseando rezarle a una virgen aunque debo decir que caminar siempre es necesario. 
Lo que parece común es que La Meca, Medina, el Muro de los lamentos, Lourdes, la misa del padre Ignacio conservan una manifestación que no deja dudas. La emoción manda sobre la razón y citarlas es citar que se puede hacer eso, dejar que la emoción mande sin tantas prohibiciones. Desdichados los pueblos donde no pueden expresar, cada uno de sus habitantes, sus emociones. Esos pueblos ya no caminan, son emigrantes. Del modo que sea su camino es hacia otro sol y otro aire, mas suelto, mas libre, con menos olor de esclavitud. Pero eso es otra cosa.
Donde la caminata se vuelve incomprensible es cuando los veo (caminar) en un gimnasio, con la misma profundidad que los cobayos o esas mínimas ardillitas que giran y giran en una rueda que los deja en el mismo lugar. Una hora, para liberar toxinas. Sería, propiamente, como si uno quisiese llegar hasta un altar caminando siempre en el mismo lugar y pensándolo bien acaso se trata de eso. De la misma fe que tienen los promeseros, pero dedicada a salvar el propio cuerpo de sus propios males.
Caminar, parecería, es una cuestión de fe. Sobre eso, sobre la fe cualquier discusión es ociosa. Ya lo decía el personaje de Olmedo cuando amenazaba (si,si, era una amenaza) amenazaba curar. Miraba a cámara, sonreía y se resignaba diciéndonos:” y… si no me tienen fe…”