Google+ Raúl Acosta

martes, 19 de junio de 2018

"Los simbolos y el siglo XXI" editorial del @bigoteacosta en #LaVeredaDeEnfrente

Volvé a escuchar mi editorial en #LaVeredaDeEnfrente

"Confianza en los dias que vienen" editorial del @bigoteacosta en #LaVeredaDeEnfrente

Volvé a escuchar mi editorial en #LaVeredaDeEnfrente

Suerte #AntesQueMeOlvide

Publicado en el diario La Capital el 19 de Junio

El gordo Pedro fue un tipo de buena y de mala suerte. Las cosas son según se miren. Fue tachero, regenteó un boliche nocturno pero era, esencialmente, periodista. Cronista.
Un cronista de cada sitio donde está ubica lo que resalta, lo que está fuera de lugar, lo que sirve para contar y una crónica, básicamente, es un cuento. 
Uno de sus amigos, “el rana”, era mecánico de buques. Viajes de dos meses en esos buques cargueros oyendo el traqueteo de los motores. Me pongo tapones y leo, leo mucho. Juntaba las novedades de novelas de dos meses, a crédito, en la librería de Calle Corrientes donde nos encontrábamos antes de doblar para El Hamburgo. Algunas son porquerías, pero leo todo. Eso me decía. 
La primera vez que lo metieron preso al gordo Pedro fue en una manifestación en su pueblo ciudad barrio: Banfield. Querían cambiarle el nombre porque era de un gerente inglés. El gordo Pedro era comunista a la vieja usanza. A los actos del partido. La contribución, los periódicos y suplementos y el voto según los dirigentes. Era una mirada marxista de una realidad que ya empezaba a incomodarnos sobre fines del ’60. 
El gordo ya escribía, ya se había peleado con José María Muñoz a quien lo desafió a pelear durante un partido, en la cancha de Independiente. No era violento el gordo, pero Muñoz sacaba de las casillas a mas de uno. Una cosa era el relato, otra las opiniones de Muñoz.
El gordo me contó que lloró la primera vez que vió la bahía, en Rio de Janeiro, bajo el Cristo. Era muy bello ese amanecer y yo no iba a poder describírselo a ustedes, deseaba que estuviesen allí pero era imposible y me puse a llorar. De impotencia ante el paisaje. No se. 
El gordo Pedro fue a cubrir un partido de Ríver a no se que ciudad brasilera. Eran años de equipos de Brasil y de Argentina en las  copas latinoamericanas, terciando algunos uruguayos. Poco mas. Terminó de mandar la nota por teletipo, desde el centro de prensa y contaba que la otra cosa que recordó es una lamparita en una tienda de lona en un  hospital de campaña. Meningitis. Cuarentena en Brasil, en esa ciudad. Nos atendían unas monjitas. Ahí ni llorando me sentía bien. Nunca supe nada hasta que pasó. Me salvé. Pude imaginarme lo que es la guerra y la soledad. Era otro idioma, muchos pobres / pobres, otros que lloraban, algunos nenes que se morían. Estaba yo. Pensaba cada cosa.
El gordo juntaba peseta sobre peseta. Tenía una ilusión y se le dio. El iba a ir a España a escuchar el primer discurso de La Pasionaria cuando se muriese Franco. Peso sobre peso, pasaje. El gordo era hijo de Asturianos. Odiaba a Franco y odiaba a Perón. No se como lo podes bancar, me decía. Era comunista pero no era un sordo, el que sabe oir puede discutir y por ser “oidor” entiende el sonido del otro. Allá fue el gordo Pedro a Madrid. Estuvo en el primer discurso de La Pasionaria, ya vieja, pero aún un símbolo en una España que despertaba de un letargo largo por lo extraño o extrañamente largo. La Pasionaria era una dirigente que supo ser un símbolo en una España simbólica con un Franco de carne y malos huesos. Los tiempos estaban cambiando y pronto se llevarían a La Pasionaria y a ese Partido Comunista que de la clandestinidad a la vereda fue mutando y desvaneciéndose. 
En ésa madrugada de festejos después del discurso, en una tasca madrileña de festejos, tapas, vinos y cante jondo estaba el gordo Pedro con sus primos y en las mesas cercanas a la puerta barullo, batifondo, peleas. El gordo que gira la cabeza y recibe un botellazo en mitad de la cara y la cabeza y allí se cae. Conmoción cerebral, huesos de la cara rotos, parietal fisurado, internación en un hospital público en Madrid. Primos que deben volver a sus trabajos y que bueno, que ya se arreglará todo Pedro, que estas en buenas manos y que el fin de semana volvemos hombre. 
Vivió para contarlo. Tuvo amigos de fierro, que dejaron sus países y sus laburos para venir a despedirlo cuando, muchos años después, peleó contra un cáncer de páncreas pero se sabe, aún hoy esa pelea es a pocos rounds. 
“El viejo bigote que da al callejón…” Asi me saludaba y nunca dejamos de tratarnos de Usted. Que dice mi viejo, como le va. No es mala suerte, no la tuve, vivir es siempre bueno. Mire de donde salí y mire donde llegué. Mujer. Hijo. He visto muchas cosas. Hágame un favor, afloje con el peronismo que no es la solución, es la culpa. 


Con el gordo Pedro escribimos el primer libro que me editaron:”El fútbol nuestro de cada día”. Era el 1974. Hagámoslo. Escribir es bueno, uno nunca sabe quien lo lee ni donde. Mire si “el rana” se lo lleva a la sala de máquinas este libro va a dar la vuelta al mundo en una bodega de un buque de cargas. Eso que es ¿ buena o mala suerte? La respuesta la ahogaría el traqueteo de los motores. Por suerte.

lunes, 18 de junio de 2018

El Che vota en Rosario


Publicado el 11 de Junio de 2018 en El Litoral

En estos días se cumplieron 90 años del nacimiento del Che, según dicen anotado en el Registro Civil como rosarigasino.
No estuve, no estoy, no estaré enamorado de El Che. Nada  impide advertir la devoción de muchos y, en cierta forma, divierte que quienes de ningún modo acompañarían su verdadera vida, usufructúan su leyenda.
Dejemos sentado un precedente. En el año 2019, por estos días, la provincia, la ciudad, estarán definiendo autoridades. A eso apunta la exacerbación socialista por El Che. Recordemos. En Santa Fe se vota antes que en el país. Seremos un fenomenal banco de pruebas. Todos tendrán un motor para probar.
En eso se basa el enojo a repetición de la gente del PRO Cambiemos, que ha pedido un informe por los gastos en conmemoración de esos 90 años de rosarigasino. Son gastos. No se sabe si son una inversión. Una buena inversión.
Colectivos pintarrajeados con la cara “icónica” del Che, la barba y la boina. Por buen nombre: “ploteo”. Costo: 10.000 pesos por colectivo, una verdadera pichincha  y los concejales de centro derecha, la mayoría, se enojan y piden informes. Hay gastos superiores. Un festival musical y los carteles séxtuples que anduvieron pegados con su costo de impresión y de mantenimiento en cartelera, que todos los políticos en campaña saben que son necesarios… y costosos. 
El otro dato que no se menciona, pero existe, es que el 12% de la población rosarigasina estudia en la ciudad. El nivel terciario suma mas de 120.000 matrículas. No son todos del pago. Todos son jóvenes. El 40% de los votos de padrón tienen menos de 45 años. Algunos estiran la cifra al 55% del padrón. Es evidente que se necesita algo mas que un discurso callejero y una nota en algún tipo de medio tradicional. El inconsciente colectivo, la simpatía y la adhesión es un recurso ilimitado. A veces da resultado. Todos los medios son válidos. Rosario es una ciudad de centro derecha, como lo prueban sus gobernantes mas votados, que cuida el “que dirán” vestida de progre. 
El Che vota en Rosario. Hay una presunción sobre la que cabalgan sus publicistas y aprovechadores, que en este caso es casi lo mismo: no votaría a Macri. Presunción pero, en el terreno de las hipótesis….¿ a quien votaría?.Ja. 
Nadie imagina a Bonfatti, como a Lifschitz, mucho menos a Binner que, con una honestidad que debería ser copiada dijo, de los primeros, que no votaría a Maduro de vivir en Venezuela. Nadie imagina a los socialistas con la praxis de El Che. 
Binner también es médico y funcionario. Nada mas lejos de El Che que su forma de hacer política. Debería pensarlo Contigiani, ahora que no es mas socialista y usa a Binner como garrote para pegarle a los socialistas. Binner, tengo la íntima convicción, ni eligió, ni elegiría a dedo a Contigiani como candidato porque el FPCyS, desde Fascendini a Lifschitz, deberían saber, recordar, confesar que Contigiani fue puesto a dedo, sin internas partidarias. 
El tema de El Che, para el que consulté referentes peronistas de izquierda, debe servir para entender que el poroto de un Nuevo Espacio anda germinando en el vaso, con algodones y regado todas las mañanas en la escuela. Ya se ha dicho, serviría para dividir el peronismo. 
Mas claro, un frente de izquierda no puede renegar de El Che. Es un ícono.En las paredes de el cine Gardel, del ex cine Gardel, en calle Ovidio Lagos, el grupo cercano a “Ciudad Futura” hace sus actos, lleva sus cantantes y en sus paredes El Che, Fidel, Chávez, Maduro en grandes pinturas (de pared) sirven para que los cantantes se lleven el puño cerrado a la izquierda del pecho y, como los futbolistas con la camiseta y la tribuna, se señalen el corazón y señalen las paredes. Ciudad Futura, a la izquierda del PSP y cerca de Del Frade y Giustiniani (por ahora) intenta que todos hagan un frente anti PRO Cambiemos y lo he dicho: algunos peronistas se enojan por esta afirmación periodística, pero no la niegan. 
De cómo se adherirán los peronistas K a ultranza con Contigiani, Galassi, Bonfatti, Giustiniani, Del Frade, Monteverde, Fascendini, Pullaro, Ciciliani, Capiello, Fein, la familia Leprati, Javkin, Lifschitz, Irízar y los chicos de las juventudes partidarias que han insultado a las conducciones (partidarias) es algo que tendrán que explicar o mejor: resolver y ejecutar. 
Toda permanencia en el poder depende de una reconversión, depende de un “New Space” absolutamente refractario a Mauricio. El Che tiene voz y voto en esas adhesiones. A nadie le conviene enojarse con El Che, excepto los que creímos que lo suyo no era, no es, no será exportable a la Argentina, menos a Rosagasario. Aceptemos los hechos. Que su ícono aún engaña multitudes es cierto. De èso se aprovechan en estos días.

Turnos #AntesQueMeOlvide

Publicado en el diario La Capital el 18 de Junio

En el viejo tren a Buenos Aires, el que tardaba 4 horas 15 minutos de Retiro a Rosario y de Rosario Norte a Buenos Aires en la noche el grito del mozo era claro:…”  Segundo turno para cenar….” 
Había dos turnos en ésa formación que salía a las 19 y llegaba 23, 15 A Rosario Norte. Con su “Coche Comedor”. El primer turno a las 21. El segundo a las 22. Nosotros, los mas jóvenes, íbamos al primero y si, por casualidad, no se llenaba el segundo nos quedábamos de sobremesa, cigarrillo y café, hasta que anunciaba que comenzaba a llegar, después de  la parada en San Nicolás. El anuncio era un toque en los frenos. Y la amplia curva para enderezar hacia la estación. Vajilla de alpaca. Tenedores gruesos, pesados, cuchillos gordos. 
El tema de los turnos era mas sencillo en aquellos años, en mitad del siglo XX, sin pedidos “on line”. El turno con el médico. Con el peluquero. Rarísima una palabreja que apareció después: interturno o sobreturno. Dos palabrejas compuestas que descomponían el humor. Aún lo descomponen. 
El turno era mejor que la cola descarada y cruel, sin refugio para nada. Llegar y a la cola era peor que llegar y tener turno. El turno tranquiliza, mitiga la ansiedad. 
Un turno cruel era con el dentista. Años de tornos zumbadores y extracciones a pinza y esfuerzo.  Es terrible el ruido en la sala de espera del dentista. 
El turno era una organización momentánea, precaria, que quitaba desazón y aseguraba el horizonte. Ya llegará mi turno. 
El turno era una seguridad en sitios donde no se vivía y, de hecho, se necesitaba estar. Nadie pide un turno con la obstetra para hablar del ayer. En todo caso porque hay algo del ayer que ya no sucede. 
El turno pone gente delante y nadie se enoja por eso y gente detrás y no nos sentimos triunfadores sino con mas suerte, tenemos el turno antes que ellos. 
En los lugares del Estado los turnos son necesarios para que nadie se enoje con quien no se debe porque es cierto, rigurosamente cierto que nos enojamos con quien distribuye, entrega, vigila los tuinos y este, en general, es un funcionario, un secretario/ secretaria que nada tiene que ver con las demoras o la incertidumbre. 
Hay un punto de incertidumbre. Insultamos o no insultamos al médico que llega una hora tarde y atrasa la vida de los demás… En mi caso siempre opté por el insulto con un argumento nada novedoso. Mi tiempo vale igual que el suyo, doctor, usted me ha robado una hora de mi vida incumpliendo con su palabra…. Lindísimo. Siempre lo pensé. Nunca lo dije. 
El turno en los restaurantes aparece en un cuadernito y el lío es si la mesa es de dos o de cuatro y si ya están pagando o aún no les sirvieron el postre. 
Una de las cuestiones mas lindas, enojosas, confusas y deliciosas, todo a la vez, es el turno para parir. Hay un almanaque, turnos pedidos, camas reservadas y la criatura se adelanta y rompe todos los convenios. Rompe bolsa. Empiezan las contracciones. Se adelantó. No teníamos el bolso preparado ni turno con el partero. Los sietemesinos y los prematuros una verdadera demostración que la vida se toma su tiempo y que ese tiempo no es el nuestro. Y la otra punta de la trama, que solo por goteo y porque lleva todas las semanas calculadas y una mas y vamos a inducirla. En ese caso el turno es valioso. El partero sabe y la cama está reservada. 
El turno es un paracaídas en la sala de espera, un nombre y un número y un momento de injusticia. Particular o por mutual…. Los turnos particulares hacen la diferencia en la sociedad. No todos somos iguales. El turno lo certifica. Por si hacía falta recordarnos que somos todos iguales, pero no siempre, no mucho, no en los turnos.

Viajeros #AntesQueMeOlvide

Publicado en el diario La Capital el 17 de Junio


Qué lindo era viajar y cómo esperábamos el viaje. Un día, dos días en Coronda o Barrancas, donde vivían las familias de mi vieja y de mi padre, respectivamente. 
Viajar hasta los pueblos cercanos, en aquellos colectivos que paraban en la ruta ante la señal que desde lejos se veía, porque eran sitios ya establecidos, tenían semanas de preparación. 
No siempre coincidían las fiestas de alguien de la familia que hacía un asado, un costillar, con el feriado por algo y las ganas y el dinero para un viaje que tenía sus costos y sus imprevistos. El imprevisto era un sobrecito con plata, con dinero, que mi vieja llevaba en la cartera para eso, para cualquier imprevisto. 
El colectivo y sus paradas era la segunda, la tercera parte de la aventura. A la preparación en la casa seguía el viaje hasta la estación de colectivos. Esos colectivos urbanos llevaban a los viajeros, a , nosotros, y las valijas, bolsos y carteras de mano. 
Ya en la estación conseguir los pasajes. Ni internet ni reservas porque…¿Quién viajaría a esas horas para allá?. A veces se viajaba apretado, porque esos colectivos no dejaban a nadie fuera, al menos no recuerdo que dejasen alguien en la plataforma. 
Esa hora en la estación de colectivos, a la que era imprescindible eso, llegar temprano, era parte de un ritual de caramelos y café con leche.
Andá al baño ahora que después subimos al colectivo y te dan ganas. 
En la segunda fila los vahos del motor, las explosiones sucias, ese aroma tan particular de los viejos motores no era sencillo de soportar. En la segunda fila viajaban, en la vez que mas mas mas recuerdo, un grupo de novatos. Los padres y los chicos. Miraban todo con ojos de descubrimiento. El traqueteo a quienes, como nosotros, digo mi familia, teníamos experiencia de viajes nos adormilaba, a otros le dejaba la panza revuelta o muy revuelta y era necesario parar, urgentísimo parar porque el nene está descompuesto. Los novatos demoraban los viajes, pero eso es común en la vida, los novatos van a su tiempo y los experimentados al suyo. En el amor, la política y en estos viajes, que son eso, otros viajes. Todos somos viajeros. Todos vamos en un “intermedia”, que así se llamaban los que paraban en toda la ruta ante la señal del viajero. No sumaban velocidad, sumaban traqueteo esos colectivos. El que no viaja en un “intermedia” suele llegar primero, pero no es lo mismo. Cualquiera sabe eso. 
Imaginaba un día de lluvia en la ruta, donde no había siquiera una de esas casetas, remedo de refugio, con el frío entrando de cualquier parte y esperando el colectivo intermedia que va a venir, va a venir, no puede fallar, está atrasado pero va a pasar, si. Pasará. A veces la vida es eso, esperar un colectivo en la ruta, en mitad de la nada, esperando que pase, que si, que debe pasar. ¿Por qué no va a pasar, eh…? 
Ya en el pueblo bajar esas valijas, identificadas con tiritas, porque ya entonces había muchas valijas parecidas y para que trajiste tantas cosas si solo estamos dos días y bueno, que ya está, cargá la mas grande, esa marrón, la de cartón duro. 
En el retorno, en la estación del pueblo, con su bar y sus curiosos el mismo colectivo, la misma lentitud, el mismo ritual, pero con el cansancio del fin de semana, los retos por los juegos desmadrados con los primos, subidos a los árboles, perdidos en un potrero, llegando tarde al tazón de mate cocido y ya noche  y donde se fueron y no los traigo mas. 
Una diferencia notable con el viaje de ida. Siempre es así, el viaje de vuelta tiene otras características. Recuerdos, retos, risas, sumatorias de lo hecho y la añoranza. Ya fue. Volvíamos cargados con el cansancio, las nuevas cosas aprendidas, los ojos llenos del ayer mas cercano. Mi vieja no dejaba que el paquete nuevo fuese en otro lugar que en su falda. 
La gallina degollada, pelada y destripada. Y dos docenas de huevos de campo. Dos docenas. Casi un mes de buena salud.

Horario #AntesQueMeOlvide

Publicado en el diario La Capital el 16 de Junio


Escuchar radio, la radio, en rigor una radioemisora que, en Amplitud Modulada, envíe sus ondas hasta el radio receptor, empezando por aquel a válvulas y con el “ojo mágico” que indicaba la calidad de la sintonía me acompaña, en actitud de escucha, desde que tengo recuerdos y miro hacia atrás y eso, confieso, es parte de mi vida. 
Culturalmente estoy armado para escuchar algunas cosas en la radio que son, en síntesis, parte del armado diario. El hombre es, aunque no nos demos cuenta, una estructura cultural a la que, a veces, le duelen las tripas. Lo que se arruina, se emparcha, se deteriora es el hecho cultural. Los pueblos somos comida y recuerdos. 
En las radios, debido a las radios (en realidad  los radioreceptores y la seducción de los programas de las radioemisoras) se ordenaban los días y las horas. 
Una relación de clara dependencia se establecía y establece con aquellos que, al levantarse temprano, necesitaban y aún necesitan saber pocas cosas, siempre las mismas y siempre exactas. Temperatura y humedad, el “H.T.H” (Hora, Temperatura y Humedad). Que todos los programas televisivos matutinos imiten un estudio de radio y tengan, en números muy visibles, los datos mencionados no hacen nada mas que corroborar que se actualizaron las herramientas para un mismo servicio: H.T.H. 
Se de quienes escuchan televisión desde otra habitación. En determinados horarios lo que hace falta es una voz. En la mañana es obvio, porque uno necesita conocer algunos datos, pero también hacer algunas cosas inalterables. La rutina es eso. También en la noche o, mejor, en la soledad. Una voz quita soledad. Aún surte efecto. 
Después vienen los amores especiales. Por una voz, un  sonido, un horario. En el horario de la cocina, del tiempo de cocinar, la radioemisora o el televisor deben estar puestos en tal lugar y con ése programa donde habla fulano y dice aquella cosa que estamos esperando escuchar. 
Los horarios son parte de un ritual donde nos encontramos con quien nos interpreta y piensa con, por, desde nosotros. 
Desde El León de Francia, Fachenzo el maldito, La maestrita de Pajas Blancas, Tarzán y el Radio Teatro Palmolive del Aire la novela, la impostación, el relato nos acompaña. Se insiste, cambiaron algunas formas pero no la sustancia: ilusión, que de ilusión también se vive y las radioemisoras, en determinado horario, eran las proveedoras de la cuota diaria de ilusión. Por si hace falta se insiste: somos adictos a la ilusión. 
En las madrugadas por estadística, queda el 5% de la población despierta. El 100 % de la audiencia nocturna sería el 5% del total de posibles escuchadores, oidores de un programa y la ilusión persiste. 
Las cárceles, los hospitales,  usados como razón, como argumento, sirvieron para que si, por una buena una vez, las autoridades decidieran que si, que se podía transmitir las 24 horas de forma continuada, que esos sitios lo necesitaban. Le dieron una mano a los solos, les dieron permiso para tener un horario y una compañía.
La noche, que es tan diferente y necesaria, permitía que radioemisoras lejanas llegasen hasta los aparatos cercanos a nuestra mesa de luz, tablero de dibujo, puesto de portería, mostrador de la sala de guardia, ventanita de la celda. Durante muchos años “Una voz en el camino”, de Radio Rivadavia de Buenos Aires, dejó ab ierto un micrófono toda la noche y fue una de las pocas voces de la primera madrugada, esa que va hasta las dos de la mañana. Se sabe que de dos a cuatro de la mañana el total es menor al 3% de los habitantes. Una nada en el total y el total de los despiertos. Cuestión de horarios. 
Los de las 4,30 es porque entran a  las 5 a laburar. Los de las 5,30 y los de las 6,30 igual, con media hora de masividad, de necesidad, pueblan las radioemisoras con sus radioreceptores. No importa si se repite la información porque la necesidad reaparece. H.T.H. 
En Rosario no hace mucho, mucho menos que el tiempo de la vida de un hombre, que aparecieron las transmisiones de 24 horas. Y se anunciaban con orgullo. “Radio fulanito, ahora las 24 horas con Usted”. 
Hoy que las radioemisoras autorizadas son muchísimas por la Frecuencia Modulada (mas penetrante y de menor alcance territorial) nada se ha perdido y todo se ha transformado. Cada noche los solos y las solas tienen compañía. El tachero de la noche no está solo y tiene ofertas para elegir. En cada horario mas variedad. Hasta cuestiones de fe se tramitan a la noche con mas profundidad. El que escucha a la noche es mas “escuchador”, mas solitario, mas compañía encuentra en una voz, un consejo, una canción. La misma voz, el mismo consejo, la misma canción siempre. 
Haber crecido con “La pareja Rinsoberbia”, el “Glostora Tango Club” y “Los Pérez García, cada día una nueva emoción” habilita a que evoque una contraseña que solo es posible recordar si se estuvo presente cuando ése horario existía: “20 y 25, hora en que doña María Eva Duarte de Perón entró en la inmortalidad”. El top. Y el segundo de espera. El resto de la transmisión podía acomodarse, esos segundos no. Después de setiembre de 1955 ese horario desapareció. Ese horario. La memoria es otra cosa.

viernes, 15 de junio de 2018

Respeto #AntesQueMeOlvide

Publicado en el diario La Capital el 15 de Junio


Días pasados un importante hombre de las empresas argentinas me contaba que el respeto, aquel del que hablan las películas sobre las mafias sicilianas, que tanto popularizara el cine yanqui, aún existe. 
Me contaba de un homónimo, venido de la misma zona y con varios años de anterioridad por estos pagos, que lo llamó un día y le dijo que él tenía que ir a su casa, porque era el mayor y le debía respeto. En esa casa, me contaba, la imagen de la virgen con una vela artificial, el retrato de la madre y un salón con sillas oscuras y un sofá. Allí lo recibió. Fue por respeto, me dijo. 
Fue sencillo el relato y, para mi, lleno de imágenes. El respeto está dentro de aquello en lo que me formé. El bar de la esquina uno de los sitios. Las reuniones familiares. La escuela. La calle. 
En la calle por presencia, en la escuela por conocimiento y conveniencia y necesidad de aprender, en el bar de la esquina porque cuando entré entendí que era así; si uno no se adapta al lugar donde llega corre el riesgo de los dinosaurios, extinguirse. Con la vieja igual, porque era asi. El viejo por la amenaza de un cintazo que alguna vez se concretó. Con la mirada se conseguía el respeto. 
Conocí todas las formas del respeto, del que se consigue de guapo y del que viene de la conducta. También el mejor, el que viene del reconocer que el otro es mejor, que sabe y mas y que si da un consejo, una sugerencia, no viene en ella el mal sino el bien o la buena intención.
El respeto, aquel respeto, acomodaba la sociedad. El albañil me decía me cuido en la escalera, yo respeto mis piernas, mirá si me caigo. El electricista me decía: hay que respetar la electricidad, no joderla. 
Hablaban del respeto como algo que estaba fuera y que no convenía, no se podía, no se conseguía alterar. Ni la fuerza de gravedad ni los kilovatios que venían por el cablecito y que podían ser la muerte. En ambos casos. El que se cae, el que se electrocuta. Pero eso es respeto de otro tipo. Es un humano respetando cosas que están fuera de la conducta, son físicas. 
Recuerdo una familia en que el hermano inferior “trataba” de Usted al mayor en cambio el mayor, hacia abajo, los tuteaba. Y el hermano mayor trataba de Usted al padre. Respeto. Arturito le decía Usted Leopoldo no me manda y Leopoldo le contestaba: Arturito estàs equivocado. 
El respeto no tenía mucho mas código que aceptarlo o no. No se bien si era sumisión. Estamos en un tiempo en el que  la controversia, la rebelión, el desafío a la autoridad constituida es también un mandato. Debemos rebelarnos contra lo que existe. Se lleva, el viento del atropello, el respeto. No hay, está claro, nada parecido a la piedad. 
Aquel viejo italiano, que llamó al empresario que me contó su historia, refiere que  el llamado era para decirle me muero, cuide el apellido. La escuela es mas contestaría que respetuosa, no hay mas cafés. El código de la calle es de violencias, no de respeto y escalafones, en todo caso los escalafones son muescas en la culata. Es distinto. Si debemos recurrir a una metáfora que defina resulta poco menos que inevitable Discépolo: …” que falta de respeto, que atropello a la razón”… Lo escribió hace muchísimo tiempo.