Google+ Raúl Acosta

jueves, 21 de junio de 2018

Excursión #AntesQueMeOlvide

Publicado en el diario La Capital el 21 de Junio


Antes los clásicos deportivos se vivían en las dos hinchadas. En la misma cancha y en el mismo  momento. 
Recuerdo mi llanto cuando subimos a primera. En la tribuna oficial. No lloraba solo. 
Los partidos con Unión (mi corazón es negro, es raza, es sabalero) siempre fueron una tradición y, en muchos casos, una tarde de fastidio y amargura. Perder es costoso. Perder y sonreir trae dificultades en los músculos de la cara y fastidios en el esternón y en las tripas. Eso de tener un buen perder es filosofía barata y duradera. Todos, en Argentina, nos estamos acostumbrando a perder y estamos cerca de entender a Mario Benedetti que, referido a su Uruguay insistía:”paisito”. Lo decía con afecto. Nosotros a veces ni eso. 
Ya vivíamos en Rosagasario los dos. Mario y yo. Se jugaba en la cancha de Unión y existía, por poco pero existía la autopista Rosario Santa Fe. 
Mario era, ya se nos fue, era hincha de Unión y se sabía equipos de memoria; si bien sigo siendo hincha de Colón y se menos equipos tengo la misma ferocidad y solo la disimulábamos por habernos criado juntos. Antes era así. Era tu rival como este, como Mario, por muchísimos años, pero la vida cercana ponía mas lejos el odio que la pasión encierra porque ya se sabe, los componentes son dos: amor y odio. La pasión no entiende de amnistías. 
Ese domingo habíamos encargado las entradas y la platea oficial lo aguardaba y a mi hijo y a mi la tribuna visitante. Todo pactado. Donde dejábamos el auto y de que modo nos encontrábamos. Un partido a las 3 de la tarde de un domingo daba tiempo para todo. Incluídos los alfajores. 
Mario había aprendido a manejar hacía poco. El que aprende de grande tiene reflejos diferentes. El auto era un Ami 8 usado, amarillito. Plástico y la practicidad de Citroen. Aunque no tanto, el verdaderamente práctico siempre fue el Citroen 2CV. Un auto a la medida de la paz de los caminos. La radio no andaba pero Mario llevaba una portátil para la cancha. En aquellos años a la cancha se entraba con radios, termos, gorro, bandera y vincha y nadie decía nada. 
Llevar al hijo no era otra cosa que un esfuerzo ( en mi caso absolutamente vano) para que se entusiasmase con los colores de la camiseta de mi vida. La distancia es un enemigo implacable de la pasión y así fue. Los años en Buenos Aires ya lo habían hecho de Ríver. Le envidio la capacidad de transmisión, sus hijos son de Ríver. La raza sabalera se extinguirá conmigo. 
Mario fumaba Jockey Club y yo Parisienne. El hijo nada, pero en ése viaje debe haber fumado mas de 4 cigarrillos de cada uno de nosotros. Una parada técnica en el último sitio para cargar nafta y Mario que dice que oye un ruidito. Tenía razón. Mas allá de 5 kilómetros, según  los mojones en la ruta, el Ami 8 decidió descansar. Los autos en la autopista se sienten con derecho a la velocidad y eso pasaba. El apurado no tiene solidaridad sino premura y eso también pasaba. No eran años de celulares. Casi una hora después los tres, por turnos, habíamos ido al mingitorio campestre de espaldas a la ruta y escondiendo la vergüenza, superada por la necesidad. El Termo lleno de agua se había vaciado y el hijo exigía al menos una gaseosa mas. 
La solidaridad de una chata llena de muchachos que volvían de otro partido, mas barrial, cerca de Sauce Viejo, trajo el remolque.  Una cinta, un contacto, un cablerío, la electricidad. El asunto se podía componer y se compuso antes que la obligación del retorno nos llevase a un colectivo de línea. Atardecía a orillas del Paraná, en esa zona el Corondá.
Allá quedaron las entradas, el palco, la popular, el gorro bandera y vincha. Abrazados a la radio en mitad del campo, escuchando con el enemigo un partido que, a la mejor usanza, terminó empatado trajo una vez mas la enseñanza. Ni tan amigos como para olvidar pasiones ni tan enemigos como para olvidar afectos. A veces pienso que en mitad de la ruta, caminito de ida hacia algún lugar donde se hace difícil llegar, los que pensamos diferente podemos escuchar con la misma ilusión. Pasión había. Hay. Y ganas de ganar mas que antes. Muchas mas ganas que antes. Pero llegada la tardecita uno la piensa. Al menos el empate. En el clásico como en el país. Algunas veces es muy parecido. La vida imita al arte. Y el fútbol es eso.

miércoles, 20 de junio de 2018

"La perdida del valor de los simbolos" editorial del @bigoteacosta en #LaVeredaDeEnfrente

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Indios #AntesQueMeOlvide

Publicado en el diario La Capital el 20 de Junio


La crianza deja cosas de los años en que se realiza. Escapar de la crianza no es sencillo. En mis años de crianza la pelea era de cowboys contra indios. Perdían los indios. El remedo era gauchos contra indios. Perdían los indios. Siempre perdían. Los indios eran los malos. 
En mis años de crianza estaban diferenciados los malos y los buenos en los libros, las historietas, las películas. Además se sabía que, excepto alguna contingencia, los buenos ganan porque el mal perdía siempre. Eran películas. Son películas. 
Los indios se llamaban Cochise, Toro Sentado. Vimos varias  veces “Murieron con las botas puestas” que era la heroica acción de Errol Flynn (el general Custer) que con varios de sus héroes fueron masacrados por esos indios malvados pero al final era la civilización la que triunfaba. El progreso. El porvenir. Errol Flynn. El General Custer. Ellos. Los buenos. 
Para el carnaval, alguna vez lo he contado, nos dejaban disfrazar de indios porque era sencillo. Cara tiznada, un arco y una flecha, plumas en la cabeza y poco mas. Indios de carnaval en barrio humilde. Ni para que nos matase Errol Flynn daba la caracterización. 
No seas indio era un reto, una queja, una admonición de las madres que tomaban posición por lo que se derivaba del relato. Aquellas madres cumplían el mandato que el relato sugería, ordenaba, decidía. 
Me porté como un indio, como un salvaje. Ahí viene la indiada. Un reparto pampa era una distribución, según cuentan, donde  repartían lo conquistado (los indios) cuando derrotaban a los gauchos. Sin escribano, agrimensor o juez. Eso cuentan. Un reparto pampa, sin el orden europeo. 
El malón es sinónimo, lo era en mis años de crianza, de un grupo de indios que a lo loco avanzaban sobre un poblado. La indiada no ganaba ni aún  siendo muchos y la superioridad numérica no era sinónimo de triunfo porque njo tenían razón. Ja. Pavada de metáfora y condicionante. 
El indio nunca fue lo bueno ni lo sabio ni el futuro. Cómo salir de semejante crianza. Solo los muchos y buenos libros y la mucha y buena historia. Los años también. Años en los que dejamos de odiar a los japoneses. Cosa extraña las películas. Aún hoy aparecen películas contra nazismo y fachismo y está bien. No hay mas películas donde los japoneses son los malos. Tampoco hay mas películas donde los Sioux y/o los Comanches son el peligro de la civilización. Hoy, aún en el siglo XXI, los malos de las películas yanquis y sus series son los latinos que comerciamos drogas, vivimos malamente en el paraíso y traicionamos al primer sopapo o el segundo pacto. 
Ha sido terrible crecer con Burt Láncaster haciendo de Apache y Rodolfo Bebán de Juan Moreyra. No lo parece porque ahora los enemigos del cine, las series y los cuentos son de dos tipos: seres extraterrestres o venidos de las entrañas de la tierra y lo mas, mas perfecto: de otro espacio. Como si del otro lado de la pared hubiese un mundo que no conocemos. Pavada de mensaje que te tiran por la cabeza. 


Ignoro como será crecer con los bebedores de sangre y los muertos vivos en el sofá. Ni de qué modo disfrazarse en algún carnaval. Ya mi crianza ha pasado y aún cuando no se termina de aprender ( ni de enseñar, no me olvido de eso) a mi me tocaron otras pistolas, diferentes brebajes pero sospecho que algo se mantiene: algunos son los malos y otros los buenos y el bien debe triunfar. Es la misma sospecha que me lleva a pensar que siempre estuve del lado de los indios. Por algo será.

martes, 19 de junio de 2018

"Los simbolos y el siglo XXI" editorial del @bigoteacosta en #LaVeredaDeEnfrente

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"Confianza en los dias que vienen" editorial del @bigoteacosta en #LaVeredaDeEnfrente

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Suerte #AntesQueMeOlvide

Publicado en el diario La Capital el 19 de Junio

El gordo Pedro fue un tipo de buena y de mala suerte. Las cosas son según se miren. Fue tachero, regenteó un boliche nocturno pero era, esencialmente, periodista. Cronista.
Un cronista de cada sitio donde está ubica lo que resalta, lo que está fuera de lugar, lo que sirve para contar y una crónica, básicamente, es un cuento. 
Uno de sus amigos, “el rana”, era mecánico de buques. Viajes de dos meses en esos buques cargueros oyendo el traqueteo de los motores. Me pongo tapones y leo, leo mucho. Juntaba las novedades de novelas de dos meses, a crédito, en la librería de Calle Corrientes donde nos encontrábamos antes de doblar para El Hamburgo. Algunas son porquerías, pero leo todo. Eso me decía. 
La primera vez que lo metieron preso al gordo Pedro fue en una manifestación en su pueblo ciudad barrio: Banfield. Querían cambiarle el nombre porque era de un gerente inglés. El gordo Pedro era comunista a la vieja usanza. A los actos del partido. La contribución, los periódicos y suplementos y el voto según los dirigentes. Era una mirada marxista de una realidad que ya empezaba a incomodarnos sobre fines del ’60. 
El gordo ya escribía, ya se había peleado con José María Muñoz a quien lo desafió a pelear durante un partido, en la cancha de Independiente. No era violento el gordo, pero Muñoz sacaba de las casillas a mas de uno. Una cosa era el relato, otra las opiniones de Muñoz.
El gordo me contó que lloró la primera vez que vió la bahía, en Rio de Janeiro, bajo el Cristo. Era muy bello ese amanecer y yo no iba a poder describírselo a ustedes, deseaba que estuviesen allí pero era imposible y me puse a llorar. De impotencia ante el paisaje. No se. 
El gordo Pedro fue a cubrir un partido de Ríver a no se que ciudad brasilera. Eran años de equipos de Brasil y de Argentina en las  copas latinoamericanas, terciando algunos uruguayos. Poco mas. Terminó de mandar la nota por teletipo, desde el centro de prensa y contaba que la otra cosa que recordó es una lamparita en una tienda de lona en un  hospital de campaña. Meningitis. Cuarentena en Brasil, en esa ciudad. Nos atendían unas monjitas. Ahí ni llorando me sentía bien. Nunca supe nada hasta que pasó. Me salvé. Pude imaginarme lo que es la guerra y la soledad. Era otro idioma, muchos pobres / pobres, otros que lloraban, algunos nenes que se morían. Estaba yo. Pensaba cada cosa.
El gordo juntaba peseta sobre peseta. Tenía una ilusión y se le dio. El iba a ir a España a escuchar el primer discurso de La Pasionaria cuando se muriese Franco. Peso sobre peso, pasaje. El gordo era hijo de Asturianos. Odiaba a Franco y odiaba a Perón. No se como lo podes bancar, me decía. Era comunista pero no era un sordo, el que sabe oir puede discutir y por ser “oidor” entiende el sonido del otro. Allá fue el gordo Pedro a Madrid. Estuvo en el primer discurso de La Pasionaria, ya vieja, pero aún un símbolo en una España que despertaba de un letargo largo por lo extraño o extrañamente largo. La Pasionaria era una dirigente que supo ser un símbolo en una España simbólica con un Franco de carne y malos huesos. Los tiempos estaban cambiando y pronto se llevarían a La Pasionaria y a ese Partido Comunista que de la clandestinidad a la vereda fue mutando y desvaneciéndose. 
En ésa madrugada de festejos después del discurso, en una tasca madrileña de festejos, tapas, vinos y cante jondo estaba el gordo Pedro con sus primos y en las mesas cercanas a la puerta barullo, batifondo, peleas. El gordo que gira la cabeza y recibe un botellazo en mitad de la cara y la cabeza y allí se cae. Conmoción cerebral, huesos de la cara rotos, parietal fisurado, internación en un hospital público en Madrid. Primos que deben volver a sus trabajos y que bueno, que ya se arreglará todo Pedro, que estas en buenas manos y que el fin de semana volvemos hombre. 
Vivió para contarlo. Tuvo amigos de fierro, que dejaron sus países y sus laburos para venir a despedirlo cuando, muchos años después, peleó contra un cáncer de páncreas pero se sabe, aún hoy esa pelea es a pocos rounds. 
“El viejo bigote que da al callejón…” Asi me saludaba y nunca dejamos de tratarnos de Usted. Que dice mi viejo, como le va. No es mala suerte, no la tuve, vivir es siempre bueno. Mire de donde salí y mire donde llegué. Mujer. Hijo. He visto muchas cosas. Hágame un favor, afloje con el peronismo que no es la solución, es la culpa. 


Con el gordo Pedro escribimos el primer libro que me editaron:”El fútbol nuestro de cada día”. Era el 1974. Hagámoslo. Escribir es bueno, uno nunca sabe quien lo lee ni donde. Mire si “el rana” se lo lleva a la sala de máquinas este libro va a dar la vuelta al mundo en una bodega de un buque de cargas. Eso que es ¿ buena o mala suerte? La respuesta la ahogaría el traqueteo de los motores. Por suerte.

lunes, 18 de junio de 2018

El Che vota en Rosario


Publicado el 11 de Junio de 2018 en El Litoral

En estos días se cumplieron 90 años del nacimiento del Che, según dicen anotado en el Registro Civil como rosarigasino.
No estuve, no estoy, no estaré enamorado de El Che. Nada  impide advertir la devoción de muchos y, en cierta forma, divierte que quienes de ningún modo acompañarían su verdadera vida, usufructúan su leyenda.
Dejemos sentado un precedente. En el año 2019, por estos días, la provincia, la ciudad, estarán definiendo autoridades. A eso apunta la exacerbación socialista por El Che. Recordemos. En Santa Fe se vota antes que en el país. Seremos un fenomenal banco de pruebas. Todos tendrán un motor para probar.
En eso se basa el enojo a repetición de la gente del PRO Cambiemos, que ha pedido un informe por los gastos en conmemoración de esos 90 años de rosarigasino. Son gastos. No se sabe si son una inversión. Una buena inversión.
Colectivos pintarrajeados con la cara “icónica” del Che, la barba y la boina. Por buen nombre: “ploteo”. Costo: 10.000 pesos por colectivo, una verdadera pichincha  y los concejales de centro derecha, la mayoría, se enojan y piden informes. Hay gastos superiores. Un festival musical y los carteles séxtuples que anduvieron pegados con su costo de impresión y de mantenimiento en cartelera, que todos los políticos en campaña saben que son necesarios… y costosos. 
El otro dato que no se menciona, pero existe, es que el 12% de la población rosarigasina estudia en la ciudad. El nivel terciario suma mas de 120.000 matrículas. No son todos del pago. Todos son jóvenes. El 40% de los votos de padrón tienen menos de 45 años. Algunos estiran la cifra al 55% del padrón. Es evidente que se necesita algo mas que un discurso callejero y una nota en algún tipo de medio tradicional. El inconsciente colectivo, la simpatía y la adhesión es un recurso ilimitado. A veces da resultado. Todos los medios son válidos. Rosario es una ciudad de centro derecha, como lo prueban sus gobernantes mas votados, que cuida el “que dirán” vestida de progre. 
El Che vota en Rosario. Hay una presunción sobre la que cabalgan sus publicistas y aprovechadores, que en este caso es casi lo mismo: no votaría a Macri. Presunción pero, en el terreno de las hipótesis….¿ a quien votaría?.Ja. 
Nadie imagina a Bonfatti, como a Lifschitz, mucho menos a Binner que, con una honestidad que debería ser copiada dijo, de los primeros, que no votaría a Maduro de vivir en Venezuela. Nadie imagina a los socialistas con la praxis de El Che. 
Binner también es médico y funcionario. Nada mas lejos de El Che que su forma de hacer política. Debería pensarlo Contigiani, ahora que no es mas socialista y usa a Binner como garrote para pegarle a los socialistas. Binner, tengo la íntima convicción, ni eligió, ni elegiría a dedo a Contigiani como candidato porque el FPCyS, desde Fascendini a Lifschitz, deberían saber, recordar, confesar que Contigiani fue puesto a dedo, sin internas partidarias. 
El tema de El Che, para el que consulté referentes peronistas de izquierda, debe servir para entender que el poroto de un Nuevo Espacio anda germinando en el vaso, con algodones y regado todas las mañanas en la escuela. Ya se ha dicho, serviría para dividir el peronismo. 
Mas claro, un frente de izquierda no puede renegar de El Che. Es un ícono.En las paredes de el cine Gardel, del ex cine Gardel, en calle Ovidio Lagos, el grupo cercano a “Ciudad Futura” hace sus actos, lleva sus cantantes y en sus paredes El Che, Fidel, Chávez, Maduro en grandes pinturas (de pared) sirven para que los cantantes se lleven el puño cerrado a la izquierda del pecho y, como los futbolistas con la camiseta y la tribuna, se señalen el corazón y señalen las paredes. Ciudad Futura, a la izquierda del PSP y cerca de Del Frade y Giustiniani (por ahora) intenta que todos hagan un frente anti PRO Cambiemos y lo he dicho: algunos peronistas se enojan por esta afirmación periodística, pero no la niegan. 
De cómo se adherirán los peronistas K a ultranza con Contigiani, Galassi, Bonfatti, Giustiniani, Del Frade, Monteverde, Fascendini, Pullaro, Ciciliani, Capiello, Fein, la familia Leprati, Javkin, Lifschitz, Irízar y los chicos de las juventudes partidarias que han insultado a las conducciones (partidarias) es algo que tendrán que explicar o mejor: resolver y ejecutar. 
Toda permanencia en el poder depende de una reconversión, depende de un “New Space” absolutamente refractario a Mauricio. El Che tiene voz y voto en esas adhesiones. A nadie le conviene enojarse con El Che, excepto los que creímos que lo suyo no era, no es, no será exportable a la Argentina, menos a Rosagasario. Aceptemos los hechos. Que su ícono aún engaña multitudes es cierto. De èso se aprovechan en estos días.

Turnos #AntesQueMeOlvide

Publicado en el diario La Capital el 18 de Junio

En el viejo tren a Buenos Aires, el que tardaba 4 horas 15 minutos de Retiro a Rosario y de Rosario Norte a Buenos Aires en la noche el grito del mozo era claro:…”  Segundo turno para cenar….” 
Había dos turnos en ésa formación que salía a las 19 y llegaba 23, 15 A Rosario Norte. Con su “Coche Comedor”. El primer turno a las 21. El segundo a las 22. Nosotros, los mas jóvenes, íbamos al primero y si, por casualidad, no se llenaba el segundo nos quedábamos de sobremesa, cigarrillo y café, hasta que anunciaba que comenzaba a llegar, después de  la parada en San Nicolás. El anuncio era un toque en los frenos. Y la amplia curva para enderezar hacia la estación. Vajilla de alpaca. Tenedores gruesos, pesados, cuchillos gordos. 
El tema de los turnos era mas sencillo en aquellos años, en mitad del siglo XX, sin pedidos “on line”. El turno con el médico. Con el peluquero. Rarísima una palabreja que apareció después: interturno o sobreturno. Dos palabrejas compuestas que descomponían el humor. Aún lo descomponen. 
El turno era mejor que la cola descarada y cruel, sin refugio para nada. Llegar y a la cola era peor que llegar y tener turno. El turno tranquiliza, mitiga la ansiedad. 
Un turno cruel era con el dentista. Años de tornos zumbadores y extracciones a pinza y esfuerzo.  Es terrible el ruido en la sala de espera del dentista. 
El turno era una organización momentánea, precaria, que quitaba desazón y aseguraba el horizonte. Ya llegará mi turno. 
El turno era una seguridad en sitios donde no se vivía y, de hecho, se necesitaba estar. Nadie pide un turno con la obstetra para hablar del ayer. En todo caso porque hay algo del ayer que ya no sucede. 
El turno pone gente delante y nadie se enoja por eso y gente detrás y no nos sentimos triunfadores sino con mas suerte, tenemos el turno antes que ellos. 
En los lugares del Estado los turnos son necesarios para que nadie se enoje con quien no se debe porque es cierto, rigurosamente cierto que nos enojamos con quien distribuye, entrega, vigila los tuinos y este, en general, es un funcionario, un secretario/ secretaria que nada tiene que ver con las demoras o la incertidumbre. 
Hay un punto de incertidumbre. Insultamos o no insultamos al médico que llega una hora tarde y atrasa la vida de los demás… En mi caso siempre opté por el insulto con un argumento nada novedoso. Mi tiempo vale igual que el suyo, doctor, usted me ha robado una hora de mi vida incumpliendo con su palabra…. Lindísimo. Siempre lo pensé. Nunca lo dije. 
El turno en los restaurantes aparece en un cuadernito y el lío es si la mesa es de dos o de cuatro y si ya están pagando o aún no les sirvieron el postre. 
Una de las cuestiones mas lindas, enojosas, confusas y deliciosas, todo a la vez, es el turno para parir. Hay un almanaque, turnos pedidos, camas reservadas y la criatura se adelanta y rompe todos los convenios. Rompe bolsa. Empiezan las contracciones. Se adelantó. No teníamos el bolso preparado ni turno con el partero. Los sietemesinos y los prematuros una verdadera demostración que la vida se toma su tiempo y que ese tiempo no es el nuestro. Y la otra punta de la trama, que solo por goteo y porque lleva todas las semanas calculadas y una mas y vamos a inducirla. En ese caso el turno es valioso. El partero sabe y la cama está reservada. 
El turno es un paracaídas en la sala de espera, un nombre y un número y un momento de injusticia. Particular o por mutual…. Los turnos particulares hacen la diferencia en la sociedad. No todos somos iguales. El turno lo certifica. Por si hacía falta recordarnos que somos todos iguales, pero no siempre, no mucho, no en los turnos.