Google+ Raúl Acosta: Cerebro #AntesQueMeOlvide

sábado, 28 de julio de 2018

Cerebro #AntesQueMeOlvide

Publicado en el diario La Capital el 28 de Julio


La primera vez que vi un cerebro fue en la carnicería del barrio. Los sesos, como el hígado y los riñones, se vendían, como se venden las achuras (tripa gorda y flaca, conocida como chinchulines) la molleja y cosas así. Don Benítez, a regañadientes, regalaba algo de bofe (los pulmones) Como aliciente a una compra. 
Me dicen algunos que hoy están en desuso los ravioles de seso y que, en todo caso, una mortadela eficientemente tratada imita al relleno del raviol de seso, de seso y verdura. El de verdura y pollo es otra cosa. Las croquetas de cerdo son otra cosa y esta no es una nostalgia culinaria específicamente. Pero para que conste en actas. Eran de un grato y suave sabor los ravioles de seso. 
Esos sesos tenían circunvalaciones y uno leyó, distraídamente, que las circunvoluciones significan algo. Algo en el desarrollo. 
Son las películas científicas o seudo científicas o de fantaciencia o adelanto de un mundo que, verdaderamente, aparece después. Son esas películas donde aparecen cerebros de película, que eran de nuestra raza, la humana. Allí están. Los muestran. Con tanto lío de género, de etnias y de Ácido Desoxi Ribo Nucleico (ADN) descuidamos la base, la base es la especie y el cerebro uno solo, pese lo que pese en gramaje y mal que les pese a los que  sostienen que hay cerebros que pesan “diferente”. Tienen mas o menos minerales, metales, metaloides, proteínas, todo lo que hace falta en el primer año de vida y los que siguen, pero ay, ay, ay, si en ese primer año de vida el hambre quita alimento el cerebro queda flojo de papeles, de esperanzas, de desarrollo. La desnutrición, el raquitismo, la falta de leche ayuda a la crianza de idiotas y débiles. Eso es así y por allí va un asunto. Pero esta no es una nostalgia de los bien alimentados. Algo es cierto: entonces todos estábamos bien alimentados. O casi todos. 
Es con Narciso Ibáñez Menta que un cerebro aparece en primer plano de la pantalla del televisor. Con esas burbujas de pecera y las imágenes, la filmación convirtió aquellos cuentos de terror (Gastón Leroux el mas recordado) de ese genial actor y ése genial director, maquillador, guionista, inventor que era ese petiso. Narciso Ibáñez Menta en un punto inalcanzable de la televisión. Conviene decir la verdad. Inventó en la televisión. Reconocerlo es necesario. Cuando la voz en off dice “ este cuerpo débil que no sostiene mi cerebro…” y la imagen va hacia el cerebro solo, burbujeante y lleno de cables y electrodos algo sucede en el arte. Yo entiendo la diferencia entre un flaquito y un gordo que pelean a trompadas mientras los cerebros, eso se sugiere, dirían y harían otra cosa. Si hablamos de cerebros debemos darle el derecho de verdadera calidad a la serie de Narciso Ibáñez Menta y su nombre mas repetido: “El muñeco maldito”. En el libro Jacobo Lagsner (adaptando) y Martha Reguera en la dirección. Já. Miniserie. En 1962. Qué me van a hablar de Netflix. 
La vez siguiente que entendí que algo pasa entre nosotros y el cerebro, esa computadora que actúa por “default” sin avisarnos del frío, del calor, de la respiración, del sueño y de los amores, sin avisarnos prácticamente de nada fue en una película: Roller Bull. Tambien Rollerbal. Dirigida por Norman Jewison e interpreta por James Caan dice, en 1975, que en el 2018 el mundo estará dirigido por una corporación y que (metáfora) los deportes serán para distraer a una sola masa de dependientes de las decisiones de las corporaciones. El guión es de William Harrison. Allí se cuenta que las conexiones del cerebro (que no son fijas, sino a través del líquido) han derivado en un súper cerebro central, que también tiene conexiones por medio de un  liquido, que las vuelve como las de nuestra cabeza: aleatorias, en parte aleatorias. Sus decisiones son mandatos inapelables. Ese cerebro central dirige el mundo corporativo. 
Es ciencia ficción, Pero es cerebro. Como es medio cerebro y medio cuerpo el del supergendarme único: Robocop. Un policía de una corporación universal. Es sólo una película.
Lo dicho. Le tengo mucho respeto (también susto) al cerebro. Tan frágil e inventa cada cosa. Los ravioles hace tiempo que, para mi, son solo de verdura. Por las dudas.

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